Holi.

Vale... Sí... prometí ser constante... y he fallado. Pero hoy empieza un año nuevo y me he propuesto entrar en el 2017 con buena letra. Adelgacé. En septimbre alcancé los ansiados 67 kg (ole yo), pero después de unos cuantos disgustos: traiciones por parte de quien pensaba mi mejor amiga (que se aprovechó de mi generosidad, y mi amor hacia ella), de la muerte de mi perrita... vuelvo a estar en 71kg.

No todo han sido malas noticias. He conocido a un chico maravilloso, que si bien al principio no actuó como debería conmigo, durante los últimos 6 meses de relación me ha demostrado que siente muchísimo su error y ha aprendido a "querer" como nunca antes.

Soy relativamente feliz, aunque hay cosas de mi vida que debo seguir trabajando: quiero mejorar en cuanto a mi trabajo (quiero dedicarme a otra cosa relacionada, pero estoy estancada en un departamento en el que adoro a todo el mundo... pero haciendo algo que no me llena), tengo que volver a ponerme en forma (los últimos 3 meses han sido un desastre y un descontrol) y tengo que recuperar mi vida social.

¿Qué? ¿cómo lo veis? Yo hasta hace poco muy negro... pero... creo que es hora (otra vez, de levantarse, sacudirse el polvo de las rodillas, curarse las heridas y seguir para adelante). Creo que debo luchar para ser feliz, o al menos para estar más a gusto y poder saber que he hecho todo lo posible para alcanzar lo que quiero y sentirme realizada.

¡¡Seguiremos informando!!

--- ¡Feliz 2017! ---


Estancada en 75,1 kg

Realmente ya no sé que es peor... cuando me abandono y me dejo llevar por todo ese remolino que me acaba hincando de rodillas después de cada comida pierdo peso, pero sé que no es sano.
Estoy intentando tomar las riendas, comer más sano y controlar lo incontrolable de mi vida. Lo único que tengo claro es que no soy feliz: con lo que soy, con lo que hago.... y porque parezco un sujeto pasivo a cualquier cosa que me ocurra. Necesito ser dueña de mi misma.

Soy consciente de que no hay mucha gente que conozca la existencia de este blog (situación con la que estoy más que cómoda), pero por si alguien me lee voy a empezar a colgar recetas que, además de sanas, engordan nada y menos. Intentaré hacer una aproximación de calorías. 

Por lo pronto, en cuanto acabe la Semana Santa, pretendo ponerme seria con este tema. Comer menos cantidad, más veces al día y reducir el intake de cada día a unas 500-700 calorías. Es un reto, pero creo que podré con ello. Tengo que poder con ello.

Os dejo, a las pocas que me leéis una receta de una "Sopa de tomate milagrosa". Se utiliza en hospitales para pacientes que tienen que reducir su peso rápidamente sin la posibilidad de hacer ejercicio (lo que la hace perfecta para las que por tiempo o por debilidad no podemos movernos demasiado... o incluso para las que pecan algún día y quieren compensar). Además, es milagrosa también en cuanto a lo que nos aporta: vitaminas y una sensación de saciedad brutal (perfecta para no acabar atracando la nevera por la noche). También es diurética y depurante.

Voy a empezar a tomarla por las noches. Aquí donde vivo aún hace frío y no hay nada mejor que una sopa para entrar en calor. 

Receta "Sopa milagrosa de tomate"

Ingredientes:

1/2 kilo de tomates maduros, 1/2 litro de agua, 1/2 cebolla, 2 dientes de ajo, 1 pimiento pequeño, 1 zanahoria, 1 hoja de laurel, 2 hojitas de menta, un poquito de perejil, pimienta y aceite de oliva y pimentón picante.
Preparación:

Primero lavamos muy bien todos los ingredientes. Picamos lo más fino posible la cebolla, la zanahoria, el pimiento y los dos ajos (personalmente, para que no repitan y no sean tan pesados para el estómago, uso un "remedio de la abuela", que es partirlos por la mitad y quitarles el corazón).

Cogemos una olla, le añadimos una cucharadita sopera de aceite (ya sabéis que cuanto menos grasas mejor, así que con una cucharada será suficiente, aunque nos va a hacer estar algo más atentas a la olla para que no se pegue nada). Cuando esté caliente el aceite (y la olla, claro) metemos los ingredientes picados. Los removemos y esperamos a que se doren. Entonces es cuando metemos la hoja de laurel y la pimienta (yo soy super fan de la pimienta, porque además de dar sabor a los platos acelera el metabolismo... es alucinante), y lo dejamos a fuego lento.

Este es el momento de añadir nuestros tomates pelados (yo compro unas latas en las que te vienen las calorías que tienen y así controlo mejor todo, pero podéis pelarlos cuando picamos el resto de ingredientes, la idea es tenerlos preparados para cuando la zanahoria, los ajos, la cebolla y los pimientos estén dorados). 

*Si los vais a pelar y cortar en casa lo mejor es que no los troceéis, primero hay que pelarlos, quitarles el tallo y hacer un corte con forma de cruz que los atraviese (sin cortarlos, simplemente para que el calor se reparta bien por todos lados). Los metemos en una olla con agua y los escaldamos (esperamos a que llegue al punto de ebullición).

Esperamos a que las verduras de la primera olla se pochen (si compráis los tomates pelados y ya medio hechos el paso anterior desaparece). Cortamos finito los tomates, los añadimos (junto con una cucharada sopera de aceite) y removemos muy bien, siempre evitando que se pegue todo a la olla (si el fuego es muy potente bajadlo, lo único necesario es que haga "chup chup"). Quitamos la hoja de laurel y añadimos una pizquita de pimentón picante (lo mismo que la pimienta, sacia y adelgaza)

Añadimos el medio litro de agua (si os gusta espesa lo ideal es medio litro, pero si preferís que sea más suelta, y engorde menos podéis añadir más... eso sí, con cuidado no vayáis a beber agua con sabor a tomate que solamente conseguiréis tener más hambre). Hay que dejar que cocine todo esto a fuego medio 20 minutos, removiendo de vez en cuando. Irá cogiendo un tono rojizo precioso... y llegados a este punto tendréis mucha hambre, os lo aseguro, porque huele genial. Incorporamos el perejil picado y la menta.

Cuando hayan pasado los 20 minutos apagamos el fuego y esperamos a que se enfría (podéis retirarlo del fuego para que sea más rápido). Lo pasamos por una batidora para hacerlo finito finito y que no haya ningún tropezón y se convierta en una crema ligera pero homogénea.

¡Espero que os sirva y os encante! Comentad si os ha gustado la idea o vuestra experiencia con esta sopa. ¡¡Mucha suerte!!

Y ahora la buena noticia del día, el intake de hoy:

Desayuno:
- Dos barritas de cereal bajas en calorías (para poner en marcha el metabolismo) 74 cal.

Comida:
- Carne con setas y arroz integral: 340 cal.
- Pimientos a la plancha: 200 cal.

Cena:
- Esparragos blancos: 51 cal.
- 2 onzas de chocolate blanco: 30 cal.

TOTAL: 695 cal.
Ojalá dentro de unos meses pueda estar tan orgullosa.

Estoy orgullosa de no haber superado las 700 que son mi tope, pero... debo dejar de tomar cosas como el chocolate (según se acabe no compraré más, decidido), porque son calorías vacías de sentido que me podría ahorrar. Mañana más.

Poco a poco

Hoy por la mañana pensaba que estaba todo perdido cuando me han invitado a un pincho de tortilla. Delante de mis amigos no podía dejarlo en el plato... Así que he tenido que tomármelo (eso sí, al menos sin pan). 

Después de eso he estado frustrada hasta la hora de comer, pero de ahí en adelante he conseguido comer menos, pero sano. Poco a poco voy a conseguirlo. ¡Además he sacado algunas fuerzas para hacer alguna que otra tabla de ejercicios

Desayuno:
- 1 Mandarina

Media mañana:
- Pincho de tortilla sin pan del demonio

Comida:
- Un plato pequeño de sepia a la plancha (sin casi aceite) y 100 gr de arroz integral

Cena:
- Medio calabacín al vapor

Esta Semana Santa intentaré comer el menor número de veces en casa de mis padres, porque allí no hay escapatoria. Está claro que según vuelva de estas "minivacaciones" me lo voy a tomar mucho más en serio.

Tal vez esté de mejor humor (un poco), aunque sigo estando un poco susceptible con según que cosas (de amigas de mis amigas que no son amigas mías... y que disfrutan martirizándome, en fin, historia de otro día)

Meta: Junio

Tropiezo nada más empezar

Me odio... me odio por no ser capaz de ser más fuerte que la comida. Odio depender de ella, odiarme por ella y sentirme como me siento por ella.

Hoy todo iba bien hasta la cena... cuando he vuelto a caer en la misma piedra. Me doy asco.

Desayuno:
Una tostada con una loncha de pavo + manzana

Comida:
Un plato pequeño de couscous + tortilla de un huevo de calabacin

Cena:
Da igual que me comiera una sepia a la plancha

Diario de abordo

Llegados a este punto no sé si esta ha sido una buena o mala semana. Todo el mundo me nota más delgada, pero la báscula no miente. Después de rozar los 74 kilos hoy vuelvo a los 75,5 kg... Un horror. Ayer me asusté. Tuve un momento de debilidad y me zampé una tableta de chocolate blanco entera... así que recurrí otra vez a algo que no me gusta nada. 

Me maree, empecé a ponerme muy nerviosa... y como ahora estoy viviendo sola no me quedó otra que comer. Tenía miedo. Llevaba unos cuantos días restringiendo las calorías y ahora de repente el corazón me iba a mil por hora, tenía ansiedad... No quería desmayarme o algo peor estando sola, así que sobreviví.

No quiero volver a ese punto. No quiero volver a esos días en los que no soy yo. Cuando parece que un alien se apodera de mi y yo soy una mera espectadora de lo que le pasa a mi cuerpo. Tengo que ser fuerte y no volver a esa oscuridad asquerosa.

Peso 75,5 kg y voy a adelgazar sin recurrir a mia, está decidido, diga lo que diga el alien.



Tal vez haya tenido un descontrol estos últimos días y por eso haya caído, por eso a partir de ahora necesito anotar todo lo que como. Empezando por hoy, que me he alimentado como una cerda (al menos así me dará vergüenza si lo tengo que escribir):

Desayuno:
- Me lo he saltado (empezamos mal)

Media mañana:
- 1 Mandarina: 40 cal.

Comida:
- Puré de lentejas (si, pensaba arreglarlo comiendo algo sano) - 300 calorías.

Media tarde:
- 1 Mandarina: 40 cal.
- Noodles: 300 cal. (Muy bonito todo... al menos son los últimos que me quedaban, nunca más)

Cena:
- 2 huevos con patatas al vapor: Patatas 70 cal + Huevos 160 cal+ Aceite 20 cal= 250 cal (una cena suuuuper ligera, como para pegarme un tiro)
- Batido de chocolate (con stevia) + cereales: 250 cal.

TOTAL: 1080 CALORÍAS!
Peso: 75,5 Kg.

Y todo esto sin ningún tipo de ejercicio... me doy asco. A partir de hoy 500 cal. va a ser mi tope. De aquí a septiembre.

Fingirme

Me levanto, me miro al espejo y finjo que todo está bien. Una vez leí en una de estas noticias enlazadas al feed de facebook que lo primero que tienes que hacer para mejorar tu autoestima nada más levantarte es mirarte al espejo y decirte "tú eres la mejor", "tú puedes con todo", "hoy es tu día"...
Como si fuera un ritual satánico cada mañana de los último dos años lo he hecho. A veces en voz alta, a veces en silencio... Hay días en los que, de hecho, me quedo unos segundos con la mirada perdida en esos ojos azules. Esperando una respuesta. Pero siempre ocurre igual: miran a través de mí. Casi siento como se clavan en la pared a mis espaldas. No hay respuesta, ni dentro ni fuera... Es inútil, porque sigo sintiendo lo mismo que antes de hacer el memo.

Hace poco aprendí (también por algún artículo de curiosidades) que si miramos fijamente nuestro reflejo en el espejo durante suficiente tiempo podemos sufrir alucinaciones. Hay gente que percibe movimientos de los que no son conscientes en su rostro y otros (la mayoría) después de unos minutos comienzan a notar deformaciones en sus facciones... Pero, ¿y si ya estamos deformados? ¿y si lo único que hace falta es una mirada analítica y detallada en un reflejo? Un tiempo de adaptación de nuestros ojos a la realidad, como cuando salimos al exterior en verano y no podemos ver nada.

Tengo miedo a la deformidad de mi reflejo. De la que va por dentro, de esa que no se nota sino horas después de mirar fijamente al yo que está a otro lado del espejo.

Temo haber alcanzado el límite de tiempo. ¿Cuántos minutos llevo acumulados mirándome al espejo buscando el fallo? ¿Será mañana cuando comience a ver esa deformidad que asusta a todo el mundo?

Tengo miedo de perderme en ese reflejo y ser incapaz de volver a salir a la superficie nunca más.


Reflexión: Autoestima

Muchas veces, hablando con mis amigas me han preguntado "¿por qué tienes la autoestima tan baja?". Nunca sé que responder. Ellas me ven como una chica adulta, responsable, capaz de todo... pero por dentro estoy asustada y no me valoro nada.

No me valoro nada, soy totalmente consciente. Es un hecho. Sé, objetivamente, que podría quererme más, que desde fuera parezco mucho más, pero por dentro soy débil. La mínima corriente de aire me desmorona, como un castillo de naipes.

Hoy, hablando con "otro chico del que me he enamorado pero nunca sentirá lo mismo por mí" me he puesto a pensar. Siempre he oído la frase "primero tienes que quererte tú, para que alguien más lo haga", pero... ¿y si yo ya me quiero? ¿y si lo que ocurre es que únicamente no me gusto?

Tal vez en mi caso sea al revés. Puedes ser la persona más segura del mundo, pero si nunca te has sentido amada, querida por encima del egoísmo del otro, acabas pensando que no lo mereces.

Puede que sea eso, que no merezca ser la "persona" de nadie. Puede que sea mucho, pero nunca suficiente.

Siempre que hago algo creen que sé lo que estoy haciendo. Es mentira.

Tu indiferencia

Otra patada en el estómago. Otro salto al vacío en mi pecho. Bombeo odio y te vuelvo a pensar. Hay que seguir adelante, no paro de repetírmelo, pero por el camino me haces pequeña e insignificante.

Así es como me has hecho sentir. Si el amor nos debe hacer mejores, la falta del tuyo me está destrozando. Tú has creado esto. Tu indiferencia me ha modelado de un barro bañado en lágrimas de otros "te quieros". Ajenos.

A veces siento que el frío del invierno se cuela entre los cristales de las ventanas y se mete en mi corazón, como una corriente helada que me corta la carne hasta llegar a mis entrañas. Ahí es donde te anidas, miedo, pánico... Soledad, dependencia de algo que aún no conozco.


Las peores resacas no son de alcohol, son de cariño

¿Por qué me regalé? ¿por qué me entregué a cambio de nada? Apareciste como un oasis cuando yo tragaba tierra aún en el desierto. Ahora me ahogo en un mar de todo lo que te he llorado. Pensaba que ya solo podía arrastrarme, pero me equivocaba. Ahora no respiro, me contraigo y me escondo inmóvil en un agujero... frío. Tiemblo, tiemblo y tengo miedo de que vuelvas a por más.

Me gusta pensar que ya no te daría nada, pero la verdad es que sigo siendo tuya y te veo dentro cada día. Me cortas cada vez que me niegas, me desgarras cada vez que me olvidas... y yo sigo sacando cal y arena de aquella botella de buenas palabras que me dijiste aquella madrugada, entre lágrimas, mientras nos abrazábamos perdonando todas nuestras dudas. 

Era mentira, ahora lo entiendo, pero sigo siendo tuya.

Cambió de opinión.

Des/control

Lo he vuelto a hacer... he vuelto a caer. Odio esa ira hacia mí misma que me impide avanzar y lograr mis metas. Es como si tuviera una segunda persona dentro, fuera y a mi lado igual a mi, pero perversa. Necesito deshacerme de esta carga horrible, de ese peso muerto que me acompaña. Un miedo, una frustración que me hacen hacerme daño, controlar (o intentar tomar el control) pensando que no es ella quien mueve los hilos. Comienza con pequeños fragmentos de tu vida y acaba devorándolo todo, dejándote vacía, con hambre y sin ganas de alejarte de una verdad incómoda que nadie más sabe.

Te odio,
te necesito,
vete...
vuelve...

¿Control?
Odio

Sabéis bien de quién hablo.

Nuevo invierno

Vida nueva. Ahora sí que sí. He dejado este blog un poco apartado en mi vida por las últimas dos semanas porque NO TENIA TIEMPO ni para respirar. Todo ha sido súper rápido, alquileres, compra, muebles, mudanza... y ahora ya tengo "casa propia" (por fin).

Es mucho mejor de lo que pensaba: discuto muchísimo menos con mis padres (incluso ahora hemos aprendido a echarnos de menos), voy más a mi aire, me siento más "al mando" de mi vida... incluso puedo hacer una vida social sana, divertida y activa.

Pero no todo son ventajas: ahora también tengo responsabilidades que antes ni si quiera era consciente de que existieran, llevo unos días de descontrol en cuanto al tema de las comidas (además mi madre se empeña en darme tuppers repletos de comida que me fuerzo a comer para no tirar)... y el frío (que ha esperado a que me mude para llegar a España)

En fin, que si pusiera en una balanza los pros y los contras, claramente los pros me pesarían más. Lo único que llevo peor es el frío, como os digo, pero estoy investigando maneras de hacerlo más llevadero.



Hasta nuevas noticias y reflexiones de muchacha emancipada: gracias, y buenas noches.


**ACTUALIZACIÓN: He escrito este post en menos de un minuto... pero al revisarlo me he dado cuenta de las veces que he podido escribir la palabra "vida" en todo el texto. No pienso cambiarlo, por muy "mal escrito" que parezca estar, me encanta que mis palabras estén tan llenas de "vida"**

Miedo al "después"


Estos últimos días están siendo los más difíciles. Sé que cuando cierren la puerta, detrás de ellos se quedará el silencio y una casa vacía (para mi, eso sí). No me voy a otra ciudad, pero tal vez sea eso lo que hace esta situación algo "irremediable", una vez dado el paso no habrá marcha atrás (y si la hay será desesperada).

Voy a echar de menos a mis padres, pues han sido los arquitectos comprensivos de mi vida. Me han ayudado a caminar a lo largo de estos años y, aunque hayamos tenido nuestras diferencias, siempre serán mis personas favoritas. 

Les dejo a unos kilómetros de distancia, pero a veces parecen años luz

Los últimos días de vida en la casa que me ha visto crecer se acaban... y no paro de pensar en lo realmente sola que estoy. Con ellos puedo discutir, pero sé que nunca me cerrarán la puerta si les busco... mientras que por otra parte amigas de toda la vida me han fallado esta semana.

¿Qué puedo sentir de una relación de años que puede romperse en minutos?¿de alguien que no es capaz de ver que otras personas "nuevas" están tratando de meterse entre nosotras?

Tengo miedo, pero no de tener que limpiar mi ropa, mi suelo... tengo miedo de la soledad que pueda venir después. Tengo miedo de los años que vengan después, de la incertidumbre que me rasga el corazón estas últimas noches. 

¿A quién tendré a mi lado cuando ellos realmente no estén?

Tengo miedo.

¡Salta!

Ya falta poco para comenzar a empaquetar mi vida. Y es que es eso... acabo de darme cuenta de que hacer mudanza significa clasificar y empaquetar todas tus cosas y con ellas todos tus recuerdos y vivencias.

Tengo miedo, un miedo horrible, más que nada a la soledad (porque vivir sola me hace temer que tenga que convivir conmigo misma durante días sin compañía), pero tengo que superarlo. Son esas ganas de superarme, de salir de la "zona de confort" las que me hacen seguir adelante... contra el miedo, las dudas... Quiero crecer y sé que, aunque cueste, esta es la mejor manera.

Toca coger aire y tirarse a la piscina.

Mar de dudas y miedo, allá voy... Socorro.




*Espero que haya agua.

Tristeza invernal

Llega el invierno y de repente nos sentimos solos, apáticos... deprimidos. No, no estoy exagerenado, esta sensación es un "desorden" mental y en inglés se llama SAD (Seasonal Affective Disorder). Está reconocido por muchos especialistas (e incluso por la prestigiosa clínica Mayo en EEUU).

¿Y en qué consiste? Es un tipo de depresión que, como decía, ocurre siempre a la misma altura del año. Coincidiendo con los meses de menos luz solar (en el hemisferio norte, dónde yo vivo) y de frío, abarca desde finales de otoño hasta que el invierno termina. Me suena, te suena... es real. Pero existen unos pequeños trucos para no ir arrastrándonos por las esquinas durante esos fríos y lluviosos días del año.

1. Té verde
El té verde acelera el metabolismo, es como un despertador para el cuerpo. Nos ayuda a tener energía todo el día, sin sufrir los altibajos de la cafeína. Todo un 2x1 vamos, adelgazas y estas de mejor humor, porque también ayuda con el estrés.


2. Cariño
Sí, vale, no tenemos novio, lo sé, lo sé ¿ACASO CREES QUE NO LO SÉ? (sniff). Un abrazo (de cualquiera al que quieres, como tu madre, tu abuela, tu padre...) de al menos 30 segundos hace que tu cuerpo libere endorfinas (las hormonas de la alegría y el buen rollito). Así que a abrazar se ha dicho.

También valen los abrazos a estrellas de la lucha libre
3. Ejercicio
¡A levantarse! Está demostrado que hacer ejercicio (aunque sea de manera moderada) te hace más feliz. ¿El responsable? Las famosas endorfinas de las que hablaba antes. Pónte en forma a ser feliz.


4. El método "hippie natural"
Este método... tal vez no sea del todo científico, pero es un "Marina Abramovic se lo dijo a Lady Gaga" y eso para algunos es más que suficiente. Consiste en abrazar árboles, contarles tus frustraciones y contar granos de arroz. Em... ¿ok? 


5. Ir a un profesional
Porque siempre es mejor quejarse a un profesional. Está demostrado que la gente que se ha tratado o ha ido a terapia es capaz de manejar sus emociones en solitario mucho mejor.


6. Dormir
No tiene misterio, si duermes eres más feliz. Y si no tienes que madrugar, más. 
7. Luz
La luz influye mucho en nuestras emociones y sentimientos. Está demostrado que en los países con menos horas de sol al año hay más índice de suicidios y la gente no es tan feliz. Esta "terapia lumínica" consiste en crear un ambiente con luz que se parezca a la del mediodía (para prolongar su efecto). Menos mal que vivo en España...


8. Solidaridad
La gente solidaria, que se involucra en asuntos sociales... es más feliz y se siente más realizada. Además un poco de ayuda siempre viene bien. Echar una mano es edificante y hace que tu humor sea mucho mejor.

9. Entretenimiento
Salir, charlar, reír... al final son lo mejor para sentirse conectado con el mundo y feliz. Una copa de vino y unas amigas es lo único que necesitas para hacer este tipo de "terapia". Además, estar ocupado, aunque sea un poco "alone" también puede propiciar estar de mejor humor: desarrollar un hobby, escribir, cocinar... todo menos quedarse tirado en el sofá con ganas de hacer nada.

Ellos animan a cualquiera

10. Mimos
Por encima de todo lo mejor para el cuerpo y la mente es mimarse y quererse. Una sesión de spa, una salida de compras... o simplemente un baño relajante pueden ser la peor pesadilla de la depresión. 


La verdad es que nunca me había planteado que los bajones también estuvieran influidos por el clima o las estaciones... Tendré esto muy en cuenta y espero que sirva a los dos gatos que me leen (o al menos sonrían un poco). ¿Algún método más?

Crecer

Llegó el momento. Toca salir del nido y volar. Después de 3 años de ahorrar, trabajar y ahorrar... por fin tengo un trabajo (no muy bueno, no de lo mío exactamente... pero me permite vivir), así que toca comenzar a ser una persona adulta de verdad; con unas responsabilidades, unas obligaciones (que ya tenía antes) pero ahora con libertad.

Mirar pisos es complicado, y como soy una persona lógica, ahorradora y a veces demasiado racional... Ninguno parece "El piso": este está alejado del metro, este no tiene calefacción, este no tiene ascensor y es un cuarto, este es pequeño, este es demasiado grande, este es demasiado caro... Pero no pierdo la esperanza. Sigo mirando, sigo visitando... y un día de estos encontraré el lugar donde voy a crecer como persona el próximo año (por lo menos)

No creo que nadie me lea, pero si es así... ¿Algún consejo a la hora de escoger? ¿alguna idea de como hacer acogedora una casa de alquiler? Toda ayuda es poca.

Comienza la cuenta atrás hacia la libertad.

Quiero ser...

Dicen que el cine es luz. Luz que proyecta. Luz que influye.

Quiero ser cine en los demás.
Y encontrar alguien con quien hacer una película.

Guerra a la grasa

Mi batalla contra los kilos empezó muy pronto. Mi madre siempre ha sido una persona gordita y yo a partir de los 15 años comencé a seguir sus pasos. Pero antes de eso me gustaría hablar de lo que pasó antes de esa edad.

Nunca he sido excesivamente delgada. En cuanto empecé a crecer (mido 1'81 m) mi cuerpo creció proporcionalmente a esa altura. Pero fue a los 15 cuando la cosa se fue de las manos. Era una chica sana, deportista... nunca enfermaba, mi salud era de hierro. Nunca había tenido una "gripe" de más de 3 días (cosa que me fastidiaba, a esa edad las enfermedades son días de menos en el colegio).

Recuerdo que fue un año muy difícil; mi abuela había muerto de un cáncer de páncreas hacía 1 año y mi abuelo acababa de reunirse con ella después de un doloroso cáncer de huesos. Mi madre era un zombie... había dedicado los dos últimos años de su vida en la carretera, entre su ciudad natal y dónde vivimos ahora.

Un día empecé a tener fiebre. No era nada del otro mundo, 38º C. Y yo estaba encantada. Podía quedarme en el salón viendo la TV tooooodo el día, vamos, el sueño de cualquier niño. Pero pronto la cosa comenzó a ser preocupante. Después de 5 días la fiebre no hacía más que subir, así que mi madre me llevó a ver a un amigo médico de la familia.

No vio nada extraño: tenía ojeras, la fiebre era alta pero parecía que no iba a subir más... pero notó algo raro al escuchar mis pulmones. Nada preocupante, un ligero ruido. Recomendó a mis padres que me hicieran una placa de ellos (por clínica privada, pues sería más rápido... aunque más caro).

Recuerdo aquel día perfectamente. Yo, una chica atlética y de buen comer, no había merendado... y me sentía débil. Más que en toda mi vida. Mi madre me prometió hacerme un sandwich de queso según entraba a la sala del radiólogo.

Fue rápido. "No te muevas", "quieta" y "ya". 5 minutos más tarde estaba de nuevo en la sala de espera, aguardando a las pruebas. No tardaron en llegar. Yo cada vez estaba más mareada. Una enfermera llamó a mi madre y con urgencia le dijo que me llevaran a un hospital. Ya. 

Tenía ambos pulmones llenos de líquido. No se explicaban cómo podía respirar (supongo que porque llevo toda la vida haciendo ejercicio: natación, basket, voleyball... tenía más tolerancia a la falta de oxígeno).

30 minutos más tarde tenía una mascarilla de oxígeno. Estaba asustada... pero no duraría mucho. Una hora más tarde estaría en coma. Un coma inducido médicamente. Mi cuerpo no podía más.

Desperté 3 semanas después. Un milagro. Ningún médico o enfermera confiaba en que saliera de esa neumonía. Pero allí estaba. 

Estuve ingresada hasta Navidad: 1 mes y pocos días. Había perdido 30 kilos. Era un saco de huesos, y por primera vez en la vida "tenía" que comer... y mucho. Así que mis padres (y mi abuela) se encargaron de cebarme como a un gorrino (¿yo? en ese momento encantada. Podía comer sin parar y todo el mundo me decía que estaba delgadísima). Medía 1'73 m y pesaba menos de 35 kg.

Ahí comenzó mi infierno. En poco más de un año no sólo volví a pesar 70 kg, pasé la cifra, llegué a los 90 kg. Pesaba una barbaridad. El verano siguiente no pude ponerme un bikini, me sentía asqueada con mi cuerpo, pero mi familia (supongo que desde el cariño que me tienen) seguían empeñados en darme de comer.

Tuve que dejar el deporte, pues durante un tiempo mis pulmones no podía aguantar. Y tuvieron que operarme de la rodilla porque debido a la enfermedad uno de mis pies había dejado de funcionar por un tema neuronal. Tenía que llevar un aparato corrector en la pierna... Mi peor pesadilla.

Pasé de ser la chica alegre con la que todo el mundo quiere juntarse y reír a un bicho raro, feo y gordo (y mis compañeros no tardaron en disfrutar al hacerme darme cuenta de ello). Fueron los años más oscuros de mi vida. Perdí "amigas" (o lo que yo pensaba que eran amigas), y estuve sola, completamente. Pensé en dejar atrás todo... pero al final sobreviví.

Después de 3 años de pesadilla mis pulmones se recuperaron y (aunque aún hoy mi pie a veces  decida actuar por su cuenta jajaja) después de mucha rehabilitación conseguí olvidarme de ese aparato corrector. Seguía gorda, obesa, oronda... un despropósito... y con la adolescencia ese "peso" (nunca mejor dicho) pesó aún más.

Cuando terminé la secundaria odiaba mi cuerpo, así que comencé jugar con fuego: dietas extremas, vómitos... y mucho, mucho ejercicio. En un verano conseguí bajar 38 kg. Estaba orgullosa. Controlaba, por fin, mi cuerpo, aunque la opinión de los demás ya no me importaba. Era dueña de mí, y eso es una sensación que muchas de nosotras conocemos. Comencé a obsesionarme (cómo no) con la báscula. La gente me veía como una chica "poderosa", segura de sí misma. Y aunque la realidad era muy diferente dejé que pensaran que era esa "superheroína".

Hoy tengo 24 años y he conseguido mantenerme sana (luchando, siempre, mi cerebro contra mi estómago o mi corazón). He intentado ser responsable, aunque muchas veces, mi vida se ha desmoronado y he recurrido a "controlar" otra vez el número de la báscula.

Vivo en esa dualidad. Me encantaría no tener que preocuparme por ello. Ser delgada naturalmente, ser como quiero ser físicamente (y no solamente por dentro), pero no puedo. Así que lucho, lucho mucho... por no caer en lo que no es "sano" para mi, y a veces caigo. Caigo durante unos meses hasta que me doy cuenta de que al final me hago daño.

Soy una mujer insegura, y eso gobierna muchas veces mi vida. Estar sola, no tener un compañero de viaje a veces hace que toda esa marea de preocupaciones salga a la superficie... pero intento mantenerme a flote, que al final es lo importante.

Tal vez todo esto sea una excusa, una forma de justificar lo que me hago... pero quiero ser sincera, porque me prometí serlo en este blog. Así que con esto os dejo un trocito más de mi (porque sin saber mi pasado... ¿cómo ibais a querer leer mi presente?)

Además, ultimamente he leído por aquí a chicas que lo están pasando mal con este tema y me gustaría con este post demostrarles que no están solas. Que internet en estos temas puede ser el vehículo perfecto para entrar en un círculo nocivo, pero creo que también podemos apoyarnos para salir a flote.

Mucho ánimo a todas esas "princesas" que deciden salir (aunque sea un rato) a respirar. Nos necesitamos. Es una de las razones (tal vez egoísta por la que decidí empezar esto, para no sentirme tan sola en esta pesadilla). Aún sigo luchando contra la báscula.

De hecho últimamente sé que estoy volviendo a caer. Aunque esta vez voy a alcanzar mi meta de manera saludable. 

Salir a la superficie y respirar.

Peso hoy: 74 kg (Cual ballena de nuevo)
Altura hoy: 1'81 m
Meta: 60 kg

Reflexión: kintsukuroi

Cuando nos rompen por primera vez el corazón pensamos que todo a nuestro alrededor se derrumba. Sentimos que las paredes, los amigos... todo lo que pensábamos un punto de apoyo fijo e inamovible de repente se convierte en gelatina. El planeta, la gente... nos resultan blandos, pegajosos e insoportables. No sabemos qué hacer, la ansiedad nos secuestra el alma y es cuando no podemos dar ni un paso más. 

Ese corazón roto nos paraliza. No "queremos" quedar, ver gente, y nos escondemos bajo mantas y sábanas. Todo se mantiene de esa manera hasta que conseguimos, un día, que nos duela un poco menos. Las cosas vuelven a tener definición... y sin darnos cuenta podemos respirar y sentirnos de nuevo en paz.

Bueno, eso pasa cuando nos rompen el corazón una vez, que tenemos que recoger los pedazos y volverlos a unir... pero ¿y la segunda? ¿la tercera? 

Lo mismo.

El mundo se vuelve a desmoronar y parece que no vas a ver las cosas claras otra vez... pero no es verdad, siempre sobrevivimos. Nuestro corazón sigue latiendo y siempre conseguimos recuperar todas las piezas y pegarlas (con el tiempo).

Antes pensaba que cada vez que esto ocurría mi corazón era más feo, más áspero, más desagradable... pero ahora creo que no es verdad. Lo arreglamos, y es cierto que quedan cicatrices, pero... esto nos hace mejores: más tolerantes al dolor, más sensibles, más empáticos...

En Japón tienen una curiosa (para los occidentales) manera de arreglar la cerámica: el kintsukuroi (金繕い) una forma de arte que consiste en repararla con oro que data del siglo XVI. 
Al arreglar la cerámica la pieza se vuelve más bella después de haber sido roto y reparado. Dicho de otra manera, la prueba de la fragilidad de estos objetos y de su capacidad de recuperarse son lo que los hace bellos, muchas veces mucho más de lo que eran antes.


Así que cuando nos partan el corazón, sólo hay que pensar en recoger las piezas y fundirlas hasta tener un corazón dorado.


¿Alguna vez os habéis sentido así? 

Prueba y error



Cambio de ruta. Porque hace unos meses escribía "¿Azar o hacer?" y todavía no he hecho nada... Así que con el año nuevo toca "darle caña" a la vida. Toca tomarse un chute de cafeína vital... y volar un poco.
Ahora lo “típico” es odiar las tradiciones y demás… decir que celebrar el Año Nuevo no es un “gran asunto” (big deal), y por ello voy a dejarme llevar por la loca de las fiestas que llevo dentro.



Empecemos por unos propósitos (ou yeah, sé que os encantan). Este año me ha costado bastante poco elaborar la lista, aunque es larga… peeeero, he decidido cambiar un poquito las prioridades (que para algo estamos creciendo). Allá vamos:

  1. Quererme más (porque francamente, la dieta no me es suficiente, y pasar hambre me pone de mala leche).
  2. Hacer algo “nuevo” cada semana (hacer la croqueta mientras canto la Marsellesa por un centro comercial también vale)
  3. Apreciar lo que me rodea y a los que me quieren un poco más (un poco, tampoco nos pongamos moñas, que os tengo más que consentidos, perras)
  4. No tener miedo (que parezco Agallas, el perro cobarde puesto de LSD un mal día)
  5. Perder la vergüenza (porque sí, porque me apetece ser una de esas personas que no tienen ningún problema con hablar en público)



(Y como siempre, aunque nunca lo cumpla, ser más constante con cosas como este blog, que nadie lee... pero oye... todo el mundo merece un sitio donde vomitar sus sentimientos)Así que a partir de ahora voy a seguir otra filosofía de vida: prueba y error. Porque de los errores se aprende y probando al final acabas consiguiendo cosas.. Incluso equivocarte, pero al menos no estas quieta esperando a que pase el tiempo en un rincón del mundo.