Guerra a la grasa

Mi batalla contra los kilos empezó muy pronto. Mi madre siempre ha sido una persona gordita y yo a partir de los 15 años comencé a seguir sus pasos. Pero antes de eso me gustaría hablar de lo que pasó antes de esa edad.

Nunca he sido excesivamente delgada. En cuanto empecé a crecer (mido 1'81 m) mi cuerpo creció proporcionalmente a esa altura. Pero fue a los 15 cuando la cosa se fue de las manos. Era una chica sana, deportista... nunca enfermaba, mi salud era de hierro. Nunca había tenido una "gripe" de más de 3 días (cosa que me fastidiaba, a esa edad las enfermedades son días de menos en el colegio).

Recuerdo que fue un año muy difícil; mi abuela había muerto de un cáncer de páncreas hacía 1 año y mi abuelo acababa de reunirse con ella después de un doloroso cáncer de huesos. Mi madre era un zombie... había dedicado los dos últimos años de su vida en la carretera, entre su ciudad natal y dónde vivimos ahora.

Un día empecé a tener fiebre. No era nada del otro mundo, 38º C. Y yo estaba encantada. Podía quedarme en el salón viendo la TV tooooodo el día, vamos, el sueño de cualquier niño. Pero pronto la cosa comenzó a ser preocupante. Después de 5 días la fiebre no hacía más que subir, así que mi madre me llevó a ver a un amigo médico de la familia.

No vio nada extraño: tenía ojeras, la fiebre era alta pero parecía que no iba a subir más... pero notó algo raro al escuchar mis pulmones. Nada preocupante, un ligero ruido. Recomendó a mis padres que me hicieran una placa de ellos (por clínica privada, pues sería más rápido... aunque más caro).

Recuerdo aquel día perfectamente. Yo, una chica atlética y de buen comer, no había merendado... y me sentía débil. Más que en toda mi vida. Mi madre me prometió hacerme un sandwich de queso según entraba a la sala del radiólogo.

Fue rápido. "No te muevas", "quieta" y "ya". 5 minutos más tarde estaba de nuevo en la sala de espera, aguardando a las pruebas. No tardaron en llegar. Yo cada vez estaba más mareada. Una enfermera llamó a mi madre y con urgencia le dijo que me llevaran a un hospital. Ya. 

Tenía ambos pulmones llenos de líquido. No se explicaban cómo podía respirar (supongo que porque llevo toda la vida haciendo ejercicio: natación, basket, voleyball... tenía más tolerancia a la falta de oxígeno).

30 minutos más tarde tenía una mascarilla de oxígeno. Estaba asustada... pero no duraría mucho. Una hora más tarde estaría en coma. Un coma inducido médicamente. Mi cuerpo no podía más.

Desperté 3 semanas después. Un milagro. Ningún médico o enfermera confiaba en que saliera de esa neumonía. Pero allí estaba. 

Estuve ingresada hasta Navidad: 1 mes y pocos días. Había perdido 30 kilos. Era un saco de huesos, y por primera vez en la vida "tenía" que comer... y mucho. Así que mis padres (y mi abuela) se encargaron de cebarme como a un gorrino (¿yo? en ese momento encantada. Podía comer sin parar y todo el mundo me decía que estaba delgadísima). Medía 1'73 m y pesaba menos de 35 kg.

Ahí comenzó mi infierno. En poco más de un año no sólo volví a pesar 70 kg, pasé la cifra, llegué a los 90 kg. Pesaba una barbaridad. El verano siguiente no pude ponerme un bikini, me sentía asqueada con mi cuerpo, pero mi familia (supongo que desde el cariño que me tienen) seguían empeñados en darme de comer.

Tuve que dejar el deporte, pues durante un tiempo mis pulmones no podía aguantar. Y tuvieron que operarme de la rodilla porque debido a la enfermedad uno de mis pies había dejado de funcionar por un tema neuronal. Tenía que llevar un aparato corrector en la pierna... Mi peor pesadilla.

Pasé de ser la chica alegre con la que todo el mundo quiere juntarse y reír a un bicho raro, feo y gordo (y mis compañeros no tardaron en disfrutar al hacerme darme cuenta de ello). Fueron los años más oscuros de mi vida. Perdí "amigas" (o lo que yo pensaba que eran amigas), y estuve sola, completamente. Pensé en dejar atrás todo... pero al final sobreviví.

Después de 3 años de pesadilla mis pulmones se recuperaron y (aunque aún hoy mi pie a veces  decida actuar por su cuenta jajaja) después de mucha rehabilitación conseguí olvidarme de ese aparato corrector. Seguía gorda, obesa, oronda... un despropósito... y con la adolescencia ese "peso" (nunca mejor dicho) pesó aún más.

Cuando terminé la secundaria odiaba mi cuerpo, así que comencé jugar con fuego: dietas extremas, vómitos... y mucho, mucho ejercicio. En un verano conseguí bajar 38 kg. Estaba orgullosa. Controlaba, por fin, mi cuerpo, aunque la opinión de los demás ya no me importaba. Era dueña de mí, y eso es una sensación que muchas de nosotras conocemos. Comencé a obsesionarme (cómo no) con la báscula. La gente me veía como una chica "poderosa", segura de sí misma. Y aunque la realidad era muy diferente dejé que pensaran que era esa "superheroína".

Hoy tengo 24 años y he conseguido mantenerme sana (luchando, siempre, mi cerebro contra mi estómago o mi corazón). He intentado ser responsable, aunque muchas veces, mi vida se ha desmoronado y he recurrido a "controlar" otra vez el número de la báscula.

Vivo en esa dualidad. Me encantaría no tener que preocuparme por ello. Ser delgada naturalmente, ser como quiero ser físicamente (y no solamente por dentro), pero no puedo. Así que lucho, lucho mucho... por no caer en lo que no es "sano" para mi, y a veces caigo. Caigo durante unos meses hasta que me doy cuenta de que al final me hago daño.

Soy una mujer insegura, y eso gobierna muchas veces mi vida. Estar sola, no tener un compañero de viaje a veces hace que toda esa marea de preocupaciones salga a la superficie... pero intento mantenerme a flote, que al final es lo importante.

Tal vez todo esto sea una excusa, una forma de justificar lo que me hago... pero quiero ser sincera, porque me prometí serlo en este blog. Así que con esto os dejo un trocito más de mi (porque sin saber mi pasado... ¿cómo ibais a querer leer mi presente?)

Además, ultimamente he leído por aquí a chicas que lo están pasando mal con este tema y me gustaría con este post demostrarles que no están solas. Que internet en estos temas puede ser el vehículo perfecto para entrar en un círculo nocivo, pero creo que también podemos apoyarnos para salir a flote.

Mucho ánimo a todas esas "princesas" que deciden salir (aunque sea un rato) a respirar. Nos necesitamos. Es una de las razones (tal vez egoísta por la que decidí empezar esto, para no sentirme tan sola en esta pesadilla). Aún sigo luchando contra la báscula.

De hecho últimamente sé que estoy volviendo a caer. Aunque esta vez voy a alcanzar mi meta de manera saludable. 

Salir a la superficie y respirar.

Peso hoy: 74 kg (Cual ballena de nuevo)
Altura hoy: 1'81 m
Meta: 60 kg

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