Las peores resacas no son de alcohol, son de cariño

¿Por qué me regalé? ¿por qué me entregué a cambio de nada? Apareciste como un oasis cuando yo tragaba tierra aún en el desierto. Ahora me ahogo en un mar de todo lo que te he llorado. Pensaba que ya solo podía arrastrarme, pero me equivocaba. Ahora no respiro, me contraigo y me escondo inmóvil en un agujero... frío. Tiemblo, tiemblo y tengo miedo de que vuelvas a por más.

Me gusta pensar que ya no te daría nada, pero la verdad es que sigo siendo tuya y te veo dentro cada día. Me cortas cada vez que me niegas, me desgarras cada vez que me olvidas... y yo sigo sacando cal y arena de aquella botella de buenas palabras que me dijiste aquella madrugada, entre lágrimas, mientras nos abrazábamos perdonando todas nuestras dudas. 

Era mentira, ahora lo entiendo, pero sigo siendo tuya.

Cambió de opinión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario