Fingirme

Me levanto, me miro al espejo y finjo que todo está bien. Una vez leí en una de estas noticias enlazadas al feed de facebook que lo primero que tienes que hacer para mejorar tu autoestima nada más levantarte es mirarte al espejo y decirte "tú eres la mejor", "tú puedes con todo", "hoy es tu día"...
Como si fuera un ritual satánico cada mañana de los último dos años lo he hecho. A veces en voz alta, a veces en silencio... Hay días en los que, de hecho, me quedo unos segundos con la mirada perdida en esos ojos azules. Esperando una respuesta. Pero siempre ocurre igual: miran a través de mí. Casi siento como se clavan en la pared a mis espaldas. No hay respuesta, ni dentro ni fuera... Es inútil, porque sigo sintiendo lo mismo que antes de hacer el memo.

Hace poco aprendí (también por algún artículo de curiosidades) que si miramos fijamente nuestro reflejo en el espejo durante suficiente tiempo podemos sufrir alucinaciones. Hay gente que percibe movimientos de los que no son conscientes en su rostro y otros (la mayoría) después de unos minutos comienzan a notar deformaciones en sus facciones... Pero, ¿y si ya estamos deformados? ¿y si lo único que hace falta es una mirada analítica y detallada en un reflejo? Un tiempo de adaptación de nuestros ojos a la realidad, como cuando salimos al exterior en verano y no podemos ver nada.

Tengo miedo a la deformidad de mi reflejo. De la que va por dentro, de esa que no se nota sino horas después de mirar fijamente al yo que está a otro lado del espejo.

Temo haber alcanzado el límite de tiempo. ¿Cuántos minutos llevo acumulados mirándome al espejo buscando el fallo? ¿Será mañana cuando comience a ver esa deformidad que asusta a todo el mundo?

Tengo miedo de perderme en ese reflejo y ser incapaz de volver a salir a la superficie nunca más.


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